PODCAST Amanece Valencia

El peligroso equilibro de Puig entre salud y economía

El monólogo de José Forés Romero en 'Amanece Valencia'

lunes, 11 enero 2021

VALÈNCIA.Durante la primera parte de la pandemia, en aquel tsunami que nos arrastró a todos a una dimensión desconocida, surgieron muchos expertos de los que sabían antes que nadie lo que iba a ocurrir y las medidas que se debían poner en marcha, eso si, una vez ya habían pasado las cosas… los vimos entre la clase política y en las redes sociales. Esto se vino a llamar como ‘Capitán A Posteriori’, nombre  inspirado en un capítulo de una irreverente serie de dibujos animados llamada ‘South Park’ en la que un superhéroe que llega al lugar de la tragedia, señala todo lo que podría haberse hecho para evitarla pero no ofrece ninguna solución para ponerle fin.  

En aquel momento, el Gobierno central se defendía de aquellos ataques amparados en la evidencia de una pandemia que muy pocos países supieron como atajar, ni siquiera cómo abordar.  Parece que ahora tampoco, claro. 

Once meses después ya no queda casi nadie de los de esa especie (y los que hay, han cambiado, como rezaba la canción). Básicamente, porque ahora han emergido otra clase de héroes más terrenales, expertos de verdad, investigadores, epidemiólogos, vacunólogos, y personal sociosanitario, que ven con estupor,  cómo las administraciones no sólo les ignoran, sino que actúan de manera diferente ante situaciones idénticas a las que sufrimos el mes de marzo de 2020…momento en el que se nos confinó en casa.

Ahora mismo, parece que ésa sería la situación requerida, porque este pasado sábado se llegaba a un nuevo récord de contagios en territorio valenciano, 6.240 nuevos y, los hospitales valencianos contaban esa jornada con 2.337 personas ingresadas… señal de que los primeros efectos de la Navidad empiezan a reflejarse en los indicadores. No sólo eso, sino que hospitales como la Fe o el Clínico ya derivan pacientes no covid a hospitales privados. 

El temor a que los positivos se dispararan tras los encuentros festivos -a pesar del cierre perimetral y la reducción del aforo de reuniones- se ha convertido finalmente en una realidad que, como es sabido, estaba más que cantada…, si quiera mucho antes de que llegaran esos festivos… bastante antes. 

Como somos de memoria corta, convendría recordar que el Gobierno, el de España,  decretaba, el pasado 25 de octubre,  un estado de alarma para dar amparo constitucional pleno a las medidas contra la pandemia necesarias en las CC.AA.

Se articuló  para endurecer las restricciones de movilidad y poder hacer frente al, ya importante, incremento de contagios de covid-19. A diferencia del primer estado de alarma por el coronavirus, el que se decretó en marzo y decayó cuatro meses después, el nuevo delega gran parte del peso en los diferentes gobiernos autonómicos. E incluía la medida del toque de queda, que ya se estaba aplicando en otros países como Francia. ¿Se acuerdan? 25 de octubre. 

El puente del 9, 10 , 11 y 12 de octubre había provocado un agujero en el muro de contención que se había levantado y cuyo exponente máximo eran los frágiles centros de atención primaria, que contaban con supuestos refuerzos, entre otros,  en forma de rastreadores a los que se sumaban profesionales del ejército para hacer aquella tarea … por aquel entonces, no hace tanto, las vergüenzas de los centros de salud tardaron poco en salir a la luz… 

Ese estado de alarma tiene vigencia hasta el 9 de mayo, por lo que resulta obvio que se preveía una situación peligrosa, ante lo que se conocía ya como segunda ola.

Ante el avance de la pandemia, el Gobierno central y las autonomías firmaron un acuerdo, de aquella manera, con reticencias y abstenciones,  el pasado 2 de diciembre. Medidas que consideraron adecuadas para preparar la Navidad.  Sorprendió su previsión. Un mes antes de las fiestas. Previsión optimista porque el repunte en la curva de contagios de las últimas semanas llevó a que tras un nuevo Consejo Interterritorial, el 16 de diciembre, el Ministerio de Sanidad dejara, una vez más,  en manos de las autonomías la posibilidad de endurecer el plan navideño; los cierres perimetrales, el límite del número de personas en las reuniones, el toque de queda y los eventos multitudinarios, cabalgatas y demás quedaban restringidos bajo el arbitrio de cada territorio . 

La Comunitat Valenciana fue la primera en usar esta potestad para decretar un cierre sin excepciones durante todas las Navidades…Lástima que aquí no hubo un despliegue que evitara las entradas y salidas que se produjeron.  Aún así, había un temor, y puede que un clamor para que se endurecieran las medidas ante  lo que se veía llegar y que, finalmente, llegó. 

En las ruedas de prensa de Puig siempre había una pregunta… ¿por qué no se cierra todo si sabemos que esto va a ir a peor? No era necesario, decía. Las medidas ya son suficientemente fuertes.

Sí, eran restrictivas, pero se consideraban, no por algunos políticos que , como Mónica Oltra pedía mas caña, sino por los anteriormente mencionados héroes, como insuficientes… Ellos se desgañitaban en medios de comunicación, como a través de éste, para avisar de lo que estaba pasando. Médicos de familia, enfermería, sindicatos del sector, personal de hospitales… y expertos en el sector de la salud no deban crédito a que no se extremaran las prohibiciones… la incidencia seguía subiendo, la presión en los hospitales, los muertos. TODO. Todo se mantenía en los mismos márgenes con alguna modificación que otra, pero no se iba mas allá. 

La hostelería, el comercio y el ocio nocturno estaban en el punto de mira, las reuniones familiares, también. Como contra las segundas poco se podía hacer, mas allá de pedir responsabilidad individual y rezar, todo giraba hacia los primeros, donde sí que parecía haber margen para frenar la problemática… 

Miren, si no,  como en agosto al ocio nocturno se le eliminó de la ecuación porque se suponía que era el gran culpable de lo visto… pero Puig optó por el equilibro, por mantener ese equilibrio entre salud y economía, poniendo lo primero por delante pero sin querer aniquilar al segundo.

Visto los resultados, ha resultado una apuesta errática … y no hacia falta ponerse la capa de ‘Capitán A posteriori' para saber que eso iba a ocurrir. No fue hasta el 28 de diciembre cuando Puig puso el acento en el ‘tardeo’, circunstancia que venia produciéndose desde semanas atrás, desde que se puso en marcha el toque de queda.

En ese empeño, lícito y comprensible de Puig, se escondía  otro error.  En su afán por equilibrar los intereses económicos, el de un modelo productivo cargado de servicios, y ante el avance de la covid, empezó a reducir aforos, a limitar horarios y número de personas que podían compartir espacio …lo que pretendía convertirse en una ayuda, era más bien un dardo envenenado a una hostelería que venía herida de muerte desde el cierre de la primera ola.

El jefe del consell se arrogaba la valentía, primero de haber tomado medidas muy serias y de haber evitado los cierres, y después de no cerrar nada. Pero el problema es que  lo que no había hecho era poner en marcha ayudas al ocio, a la hostelería y al comercio ni tampoco darles  ventajas  fiscales o exenciones como tampoco han hecho muchos ayuntamientos, ni el Gobierno central.

Y eso es lo que se necesitaba y se necesita, como reclaman muchos. Que para dejarlos a medio gas, lo mejor era cerrar y ayudar a fondo perdido como hizo Angela Merkel, cuando puso el candado a los establecimientos no esenciales al tiempo que les ofrecía el 75% de lo facturado el ejercicio anterior. 

Ahora por cierto, once meses después, plantea Puig poner en marcha un fondo para otorgar créditos subvencionados al 30% a empresas que lo necesiten con un tipo de interés simbólico… préstamos, vamos.

Y todo ello, ha llevado a no poder contener la tragedia en los hospitales, esa, ya no tibieza, pero si laxitud , en algunos casos, que  ha provocado que ahora mismo, como comentábamos, Ya estén preparados los hospitales de campaña que levantaron en el primer estado de alarma, que las plantas de los hospitales estén prácticamente dedicadas a los pacientes covid, que las UCI estén repletas, que se deba paralizar toda actividad quirúrgica no urgente, (que no por ello deja de ser importante), y todo eso contando con una plantilla de profesionales de la sanidad exhaustos, hastiados y sacando fuerzas de donde no las hay para que esto no derive en una tragedia aun mayor. 

El  mes de marzo el doctor Javier Padilla nos avisaba que podría llegar un momento en el que los médicos podrían tener que decidir a quien poner respirador o no.

Hoy, estamos preparados para no tener que tomar esa dura decisión, pero obviamente, había salidas para frenar la necesidad de que haya muchos respiradores en marcha, y no se tuvieron en cuenta.

El comercio y la hostelería, son espacios seguros, pero por ahí se junta mucha gente , es cierto, pero  merecían que se les ayudara, y  a lo mejor hubiera sido más viable, más urgente!!! que se les rescatara, que se destinara  esas ayudas a fondo perdido … y cerrar…. y más con esos  presupuestos autonómicos keynesianos, esos que se pintan para cubrir los efectos dañinos de la pandemia, y que dirigirlos donde toca ES solo era una cuestión de prioridades, …  

Porque es eso, cuestión de prioridades. Como con las cuentas del ejecutivo central. Al final, era cuestión de poner , encima de la mesa,  el dinero necesario. El que tocaba para que resistieran en momentos en los que era evidente que se necesitaba cerrar ante las innumerables pérdidas humanas que estamos sufriendo. Hay muchas agencias, y subvenciones realmente prescindibles. 

Ximo Puig se posicionó como uno de los mejores presidentes autonómicos meses atrás. Su imagen era ensalzada por la mayoría. No solo por sus seguidores. Es más, solo comparándolo con Ayuso, parecía el Churchill de la península. En aquel entonces, se presumía de la baja incidendia que presentaba la Comunitat. Ahora, el viento no sopla a su favor. Y aunque éste sea un país donde se haga lo que se haga, se acaba por matar y rajar al mandamás de turno, lo cierto, es que su empeño en poner el comercio y la hostelería en el mismo nivel de la balanza, ha acabado por impactar en la linea de flotación de la salud  de los ciudadanos que gobierna. 

Esos ciudadanos que también tenemos nuestra parte de culpa. No hay que obviarlo. La mayoría ha cumplido. Una minoría importante, no. Sea por hartazgo, por rebeldía o por una falsa creencia de sentirse inmunes, hay una parte de la población que ha hecho caso omiso a las recomendaciones. Es evidente que no se ha respondido bien ante la epidemia. Aunque nos excusemos en que han dejado puertas  y ventanas abiertas, algo más hemos podido hacer para evitar todo esto.


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